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Mantener una Rutina Durante el Tratamiento

Cuando el cáncer lo trastorna todo, mantener incluso una pequeña rutina diaria puede traer una sensación de estabilidad y normalidad.

El cáncer tiene una forma de desmantelar la vida que conocías. El horario que seguías, los hábitos que le daban estructura a tus días, el ritmo que te hacía sentir como tú mismo, todo eso puede sentirse arrebatado cuando el tratamiento toma el control. De repente, tu calendario gira alrededor de citas, infusiones y días de recuperación. Puede dejarte sintiendo que has perdido no solo tu salud sino tu identidad.

Por eso aferrarse a incluso una pequeña rutina diaria puede ser tan poderoso. La rutina no se trata de ser productivo ni de llenar cada hora. Se trata de darle a tu mente algo familiar a lo que aferrarse cuando todo lo demás se siente impredecible. Es un ancla en la tormenta.

Comienza de forma sencilla. Elige una o dos cosas pequeñas que puedas hacer la mayoría de los días, y construye a partir de ahí. Tal vez sea tender tu cama por la mañana, incluso si vuelves a meterte en ella una hora después. Tal vez sea tomar tu café o té en el mismo lugar junto a la ventana. Tal vez sea una caminata de cinco minutos alrededor de la cuadra, o estirarte suavemente en tu sala, o escribir tres frases en un diario antes de dormir. Estos pequeños actos le dicen a tu cerebro que no todo ha cambiado, que alguna parte de tu vida anterior sigue aquí.

Sé flexible contigo mismo. Habrá días en que incluso la rutina más sencilla se sienta imposible, y eso está bien. Una rutina debe servirte, no convertirse en otra fuente de presión. Si hoy es un día de descanso, déjalo ser un día de descanso sin culpa. La rutina estará ahí mañana.

Incluye cosas que te nutran, no solo tareas. Una rutina no tiene que parecer una lista de pendientes. Escuchar música, llamar a un amigo, ver un programa que te gusta, pasar tiempo con una mascota, sentarte al sol diez minutos, todo eso cuenta. Cualquier cosa que traiga un pequeño momento de normalidad o confort pertenece a tu día.

Deja que tu rutina se adapte a tu ciclo de tratamiento. Si sabes que ciertos días después del tratamiento son los más difíciles, planifica rutinas más ligeras para esos días. Si tiendes a sentirte mejor por las mañanas, coloca tus actividades más significativas ahí. Trabajar con tu cuerpo en lugar de contra él no es rendirse. Es sabiduría.

Algunas personas encuentran útil escribir su rutina, no como un horario estricto sino como una guía suave para el día. Puede sentirse reconfortante ver unas cuantas intenciones simples en papel, un recordatorio de que todavía tienes opciones, de que todavía tienes un día que dar forma, incluso si se ve diferente de antes.

Tu vida durante el tratamiento puede que no se parezca a la vida que tenías antes, pero sigue siendo tu vida. Y llenarla con pequeños momentos intencionales de cuidado es una de las cosas más valientes que puedes hacer.

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